All posts in septiembre 2007

  • Videos con Buenos Aires

    Una muestra de cortos realizados en la capital argentina se exhibirá en el espacio Diámetro, ubicado en la estación Pino Suárez del Sistema de Transporte Colectivo

    Con la masificación de la cámara de video su utilización pasó de una práctica especializada a una cotidiana, con lo que artistas, estudiantes, doctores, arquitectos, encontraron en ella una herramienta lo mismo para crear que para denunciar abusos. La producción sudamericana de video, en especial la argentina, a partir de los 90 comienza a crecer y pronto encuentra espacios por todo Buenos Aires. Al menos así lo refiere el curador Horacio Torres, quien se encuentra de visita en la ciudad de México para presentar una selección de videos manufacturados en la capital bonarense, los cuales podrá conocer el transeúnte común que, por estos días, camine por los andadores del transborde de la línea 1 y 2 del metro.

    El Taller de Experimentación Gráfica a través de Diámetro, ubicado en la estación Pino Suárez, comandado por el grabador digital Luis Ricaurte y el curador urbano Jaime Tamayo, quienes dieron vida hace un año a esta videosala ubicada en los andadores del sistema de transporte colectivo, inauguran la muestra Aglutinar-Contaminar-Fusionar. el A partir de este 1.5 de septiembre y hasta A el 28 de Octubre, de nueve a 20 horas, se ‘ ir podrán conocer cerca de 20 videos, seleccionados por el también director del museo-casa Carlos Gardel, del Ministerio de de Cultura de la ciudad bonarense.

    “Las obras sintonizan con diversas expresiones. Sus prácticas y técnicas y lenguajes son consecuencia lógica de la contaminación entre las disciplinas”, apunta Torres acerca del nombre que anima esta muestra. “Son búsquedas de un delicado equilibrio entre el conocimiento de las raíces y una necesidad casi imperiosa de alejarse de los caminos ya transitados. Por eso esta serie camina entre la investigación y el riesgo, el respeto y la irreverencia y la aniquilación y la pausada reconstrucción.”

    El curador argentino señala que la selección es un recorte un tanto arbitral de la producción actual de su país, el cual plantea encontrar poéticas artísticas sin que por ello sus creadores tengan que ser videoastas. “La exhibición es un ejercicio. Un estudio de las posibilidades creativas. Atravesada por una actitud hipervital inolcultable”, détalla.

    Los participantes van de artistas plásticos a gente común, de entre 20 a 40 años, quienes utilizan a la tecnología como instrumento para producir ciertos productos estéticos entendiendo la limitación de la herramienta utilizada, ya que no son videograbadoras ‘de línea.

    Los videos provienen de los distintos centros culturales independientes y estatales de la capital argentina, dentro del concepto del taller como producción artística.

    “El concepto camina en la idea de grabar no registrar, así como practicar la interdisciplina para mostrar una pequeña instantánea de la producción actual”, comenta Torres.

    Durante los tres semanas se podrán observar diferentes temáticas, entre ellas el trabajo de biólogos y paleontólogos, quienes se acompañan con música electrónica. Y por otra parte, el tratamiento de la imagen del cómic como negativo.

    Sobre si existen lenguajes visuales afines entre los creadores de ambas naciones, el curador apunta que si se da podría suceder en el terreno de una realidad compartida, ya que ambos países la tecnología descontinuada es la que abunda.

    “El video en Argentina tiene una historia muy corta, es a partir de los 90 cuando comienza. Las primeras cámaras fueron de exportación, con el tiempo se democratizó provocando así el florecer de la producción, así como la apertura de más espacios galerísticos para su exhibición, y con ello los centros culturales, el espacio público y colectivos que difunden arte, comenzaron a interesarse”, acota.

    Aunque subraya que la limitante tecnológica en América Latina no es un di-que para que la producción se detenga, sino un reto.

    “El impedimento de medios de Latino-américa es un desafío muy importante que produce grandes obras, pero como uno nunca observa a su continente no se da cuenta de la existencia de grandes artistas”, concluye.

    Diámetro es parte del proyecto del Taller de Experimentación Gráfica, bajo la premisa de que el video es una forma gráfica en soportes dinámicos. En el 2006 llegan a un acuerdo con las autoridades culturales del Metro para poder ocupar uña de las vitrinas y desde esa fecha se dedican a programar todo tipo de videos de manufactura latinoamericana.

  • Argentinos se suben al Metro y muestran su arte en video

    SE EXHIBIRÁN 21 TRABAJOS EN PINO SUÁREZ

    Aviso urgente a los usuarios del Sistema de Transporte Colectivo Metro: La estación Pino Suárez ha sido tomada por 21 argentinos para, sin ningún ápice democrático, imponer sus ideas a todos los usuarios que pasen por el lugar.

    Cada uno se subió armado con un videoarte que será presentado durante septiembre y octubre dentro del proyecto Diámetro, impulsado por el Taller de Experimentación Gráfica, dirigido por el colombiano Luis Ricaurte.

    Bajo el título “Aglutinar-Contaminar-Fusionar”, la peculiar exhibición reúne trabajos de artistas menores a 40 años que muestran diferentes propuestas estéticas y visuales, que van desde la animación y el video-cine, hasta el estudio de la investigación biológica, en un trabajo que muestra el comportamiento de las hormigas.

    Aunque eso sí, hay algo que los une. Y es que en palabras del curador Horacio Torres, director del Museo Casa Carlos Gardel de Buenos Aires, los trabajos se caracterizan por no tener un mensaje establecido. “No son concluyentes. Todos disparan ideas distintas, según la visión de cada artista, pero no tienen un mensaje como tal”. Mencionó Torres que la idea de la exhibición es mostrar la producción argentina contemporánea en video, en la que participan, entre otros, María Antolini, Karin Idelson, Ariadna Pastorini, Gabriel Cicuttin, Marcolina Dipierro y Georgina Valverde, Julia Masvernat, Dina Roissman, Carmen Rocher y Romina Power.

    “Lo que la gente podrá ver son pequeñas historias fílmicas con una cierta linealidad, un estudio de posibilidades creativas, atravesada por una actitud hipervital inocultable en el que se promueve la polirritmia y el mestizaje.

    “Híbridas o mutantes, las obras sintonizan con diversas expresiones. Sus prácticas, técnicas y lenguajes son consecuencia lógica de la contaminación entre disciplinas” aseguro.

     

     

     

  • Dan Nuevo Aire al Grabado con Técnica que Utiliza Rayos Láser

    Juan Carlos Aguilar García

    El artista colombiano Luis Ricaurte es el creador de la lasergrafía, técnica que recurre a las bondades de la tecnología para realizar las obras.

    En el taller del artista colombiano Luis Ricaurte no hay pinceles, óleos, ni paletas de colores. Si hay, en cambio, computadoras con so­fisticados softwares de diseño, es­canners y, lo más importante, uña máquina de rayos láser que semeja una fotocopiadora.

    Se trata de su Taller de Expe­rimentación Gráfica, ubicado en Dr. Vélez #20, en la colonia Doc­tores, desde donde ha creado un nuevo método para realizar gra­bados a partir de rayos láser. Él lo llama simplemente lasergrafía y, asegura, “le dará un nuevo aire a la gráfica”.

    En términos concretos, lo que ha hecho Ricaurte es implemen­tar al arte con tecnologías que desde hace años se utilizan en la publi­cidad. “La verdad es que todo lo relacionado con los nuevos ins­trumentos lo estabamos obvian­do. El láser por ejemplo, se utiliza comúnmente en hacer cortes y rótulos”, afirma Ricaurte.

    “Esa ha sido nuestra apuesta y la verdad es que hemos conse­guido el interés por los críticos y los artistas”, dice Ricaurte quien asegura que “este nuevo proce­so reivindica mucho a la gráfica pues la convierte en productos no vistos, lo que dará la posibili­dad de un renacimiento”.

    Sin embargo, aún hay muchos creadores que se oponen a esto. Creen que la máquina hará todo.
    La máquina no termina ha­ciendo lo que los artistas no han podido hacer. Más bien se trata de que entre la máquina y el artista se genere un producto nuevo. Es de­cir, es una retro alimentación en­tre la tecnología que nos provee cosas para llegar a límites y el ar­tista que se los tiene que proponer. Al final es una herramienta.

    Nuevo Lenguaje

    Explica Ricaurte que la lasergrafía debe en­tenderse como una nueva técni­ca dentro de la gráfica que tiene una nueva sintaxis.

    “Antes muchos decían que las impresiones digitales, los plotters, no eran gráficas, pero sí lo son. Es como un frutero que tiene manzanas, peras y mangos. Es decir, hay una variedad. Así, la lasergrafía es como una fruta más que tiene sus propias caracterís­ticas. Qué cuál es su alcancé, bue­no, eso es algo que todavía está por verse“.

    “Es un juego entre lo que pue­de generar la máquina y lo que tú le puedes dar. Hay que encon­trar la propia alma. De que cuan­do lo veas digas: ‘Esto es produc­to de una nueva técnica’.

    —¿Qué pasa con la técnica tra­dicional?
    No hemos desplazado al gra­bado tradicional. No nos podemos desligar totalmente de ello. Nece­sitamos del rodillo que entinta, de la presión del tórculo. No pode­mos decir que somos totalmente autónomos de esto. Para empe­zar porque la máquina trabaja en términos de blancos y negros y la gráfica necesita más colores.

    Por eso es que hemos tenido que hacer varias placas y entin­tarlas de la manera más tradi­cional. Digamos que la cosa va funcionando a la par. La laser­grafía es una técnica que aún está por conocerse…

  • Galerías en el Circuito de Arte

    Este sitio, uno de los pocos sin giros dobles, abrió sus puertas en diciembre de 2005 tras haber gestionado con el gobierno de la Delegación Cuauhtémoc la entrega en comodato de un trolebús japonés abandonado en la Colonia Roma. Las curadoras convencieron a las autoridades —que en nuestro país sólo entienden de arte en términos pedagógicos y turísticos— de dedicar el espacio exclusivamente a la exhibición de obras para sitio específico. En las calles del D.F., marcadas por su violencia, una iniciativa de tal tipo constituye inexorablemente un gesto político. La ciudad de hoy, como argumenta Eugenio Trías, se parece al espacio vacío de los antiguos atomistas, donde los átomos —idénticos, incomunicables— sólo se rozan o chocan. Queda impedida así la producción de historias, mismas que se diluyen en una sucesión de flashes, cambios de posición, simple combinatoria. La misión de Trolebús —increpar y provocar al transeúnte para cuestionarlo sobre su relación con la urbe, despertar su interés hacia los soportes del arte actual y cambiar la percepción del lugar que habita o recorre cotidianamente— subvierte el dominio de la indiferencia, esa manera de mirar que jamás se posa sobre algo y como en una suerte de carrera a campo traviesa, se avoca a detectar obstáculos.

    Emplazado originalmente en las inmediaciones de la Plaza Luis Cabrera, donde el tráfico de jóvenes estudiantes nutría el afluente de visitas, el Trolebús ocupa hoy día una esquina frente al hotel CONDESAdf, patrocinador del proyecto desde hace un año. A la fecha se han realizado catorce exposiciones con piezas de diferentes artistas como Mauricio Limón, Fabián Ugalde, Emilio Said y Arcángel Constantini. Quizá aquí es pertinente adelantar el primer reparo y es que uno esperaría de curadoras jóvenes una mayor voluntad de riesgo, ausente en la medida en que la mayoría de los artistas con los que han trabajado cuenta con una carrera reconocida. Aunque también es cierto que, dado los tintes tribales de la escena artística mexicana, antes de intentar ganar legitimidad con las apuestas (y los proyectos que se avecinan van en esa dirección) se requiere cierto respaldo. De las distintas líneas de fuga trazadas a lo largo de estos meses por Trolebús, recupero aquélla que reivindica una poética del despojo y el escombro, como si el mueble fuera una especie de scrapbook, objeto sintomático de la era actual que describe el paso febril de nuestras horas, la vida hecha de pedacería, el deshuesadero miniatura de una existencia incongruente, yuxtapuesta, fracturada. En esta clave podría leerse el trabajo del ya mencionado Chapela, o Moris (Nido de Malvivientes) que recupera estéticamente los territorios y las iconografías de la marginación, los simulacros de objetos de Mónica Espinosa (Doblez…) y, con un poco de liberalidad, las incitaciones al voyeurismo imaginario de Pavka Segura (Noctámbulo).

    La cultura del siglo xx se sostuvo sobre una memoria testamentaria, un inventario de riquezas y patrimonios que como pérdidas irremediables constituyen las ruinas del tiempo. Pero hoy ya no hay ruinas posibles: el ocaso de la modernidad arrastró consigo los mitos de origen y las ideologías del futuro. Nos encontramos inmersos en el tiempo puro, el tiempo sin historia. La vocación de las ruinas, entonces, es ofrecerle a quien las recorre la noción de un pasado traducible: el sentimiento de supervivencia ha desaparecido. El arte, como señaló Marc Auge, está condenado a delinear los escombros del futuro, pero porque en la pureza, lo genérico, ya no cabe el pasado.

    Por otra parte, es posible que en el futuro no quepan ni siquiera los escombros del arte. Y quizá sea ésa secreta intuición de Ariadna Ramonetti y Fernanda Sales la que las llevo a apropiarse de un emblema del transporte masivo que, resignificado, nos hace una especie de guiño para recordarnos que el arte, también él, es pasajero.

    TROLEBUS / Galería Guadalajara sin, esq veracruz, condesa frente al hotel CONDESAdf Martes a domingo de 11 – 1 y 2 -7 PM Dirección gral: Ariadna Ramonetti Fernanda Sales

  • Galerías en el circuito de arte

    Este sitio, uno de los pocos sin giros dobles, abrió sus puertas en diciembre de 2005 tras haber gestionado con el gobierno de la Delegación Cuauhtémoc la entrega en comodato de un trolebús japonés abandonado en la Colonia Roma. Las curadoras convencieron a las autoridades —que en nuestro país sólo entienden de arte en términos pedagógicos y turísticos— de dedicar el espacio exclusivamente a la exhibición de obras para sitio específico. En las calles del D.F., marcadas por su violencia, una iniciativa de tal tipo constituye inexorablemente un gesto político. La ciudad de hoy, como argumenta Eugenio Trías, se parece al espacio vacío de los antiguos atomistas, donde los átomos —idénticos, incomunicables— sólo se rozan o chocan. Queda impedida así la producción de historias, mismas que se diluyen en una sucesión de flashes, cambios de posición, simple combinatoria. La misión de Trolebús —increpar y provocar al transeúnte para cuestionarlo sobre su relación con la urbe, despertar su interés hacia los soportes del arte actual y cambiar la percepción del lugar que habita o recorre cotidianamente— subvierte el dominio de la indiferencia, esa manera de mirar que jamás se posa sobre algo y como en una suerte de carrera a campo traviesa, se avoca a detectar obstáculos.

    Emplazado originalmente en las inmediaciones de la Plaza Luis Cabrera, donde el tráfico de jóvenes estudiantes nutría el afluente de visitas, el Trolebús ocupa hoy día una esquina frente al hotel CONDESAdf, patrocinador del proyecto desde hace un año. A la fecha se han realizado catorce exposiciones con piezas de diferentes artistas como Mauricio Limón, Fabián Ugalde, Emilio Said y Arcángel Constantini. Quizá aquí es pertinente adelantar el primer reparo y es que uno esperaría de curadoras jóvenes una mayor voluntad de riesgo, ausente en la medida en que la mayoría de los artistas con los que han trabajado cuenta con una carrera reconocida. Aunque también es cierto que, dado los tintes tribales de la escena artística mexicana, antes de intentar ganar legitimidad con las apuestas (y los proyectos que se avecinan van en esa dirección) se requiere cierto respaldo.

    De las distintas líneas de fuga trazadas a lo largo de estos meses por Trolebús, recupero aquélla que reivindica una poética del despojo y el escombro, como si el mueble fuera una especie de scrapbook, objeto sintomático de la era actual que describe el paso febril de nuestras horas, la vida hecha de pedacería, el deshuesadero miniatura de una existencia incongruente, yuxtapuesta, fracturada. En esta clave podría leerse el trabajo del ya mencionado Chapela, o Moris (Nido de Malvivientes) que recupera estéticamente los territorios y las iconografías de la marginación, los simulacros de objetos de Mónica Espinosa (Doblez…) y, con un poco de liberalidad, las incitaciones al voyeurismo imaginario de Pavka Segura (Noctámbulo).

    La cultura del siglo xx se sostuvo sobre una memoria testamentaria, un inventario de riquezas y patrimonios que como pérdidas irremediables constituyen las ruinas del tiempo. Pero hoy ya no hay ruinas posibles: el ocaso de la modernidad arrastró consigo los mitos de origen y las ideologías del futuro. Nos encontramos inmersos en el tiempo puro, el tiempo sin historia. La vocación de las ruinas, entonces, es ofrecerle a quien las recorre la noción de un pasado traducible: el sentimiento de supervivencia ha desaparecido. El arte, como señaló Marc Auge, está condenado a delinear los escombros del futuro, pero porque en la pureza, lo genérico, ya no cabe el pasado.

    Por otra parte, es posible que en el futuro no quepan ni siquiera los escombros del arte. Y quizá sea ésa secreta intuición de Ariadna Ramonetti y Fernanda Sales la que las llevo a apropiarse de un emblema del transporte masivo que, resignificado, nos hace una especie de guiño para recordarnos que el arte, también él, es pasajero.

     

    TROLEBUS / Galería Guadalajara sin, esq Veracruz, condesa frente al hotel CONDESAdf Martes a domingo de 11 – 1 y 2 -7 PM Dirección gral: Ariadna Ramonetti Fernanda Sales

  • Diámetro VideoArte en el metro

    Diámetro es uno de los proyectos curatoriales desarrollados por el TEG, taller de experimentación Gráfica, dirigido por el artista Luis Ricaurte.

    Esta galería de video se inaugura el 27 de octubre de 2005. Empezó en la estación Salto del Agua, y pasó luego a Pino Suárez. Ha proyectado 1600 horas de loops de video experimental de 80 creadores a através de 4 curadurías invitadas de Colombia, México y Argentina.

    Diámetro es un espacio de tránsito, una pantalla-ventana donde se ven paraísos artificiales, otros mundos, psiques, ensayos, experimentaciones, realizadas con formatos audiovisuales; utilizando las herramientas del video, el cine, lo análogo y lo digital como una paleta en la que la sustancia que compone al video, se vuelve plástica, maleable. Cada capa que compone la imagen como cada software de diseño de imagen se vuelve un elemento de composición dentro de esa realidad plástica.

    Hacer colores como olas de video que se desvanecen unas con otras y construir imágenes pictóricas en movimiento empieza a romper la estructura lineal de la imagen en movimiento, visto como un soporte que contiene la profundidad en su narrativa lineal. El video ya no es el “papel” que soporta la imagen al quedar impresa, es la imagen con su propia profundidad y maleabilidad, se vuelve la materia prima de sí mismo. Así como hay óleo, grafito, tinta, aceites, papel , tela, hay píxeles, líneas, grano; aquí ya solo importa la poética que tienen los materiales en este caso la poética de un pixel dialogando con un mixer análogo, como un diálogo entre poéticas cibernéticas.

    Entender el video tanto como gráfica en formato dinámico, en donde se crean imágenes gráficas en movimiento, como un formato pictórico; es descubrir su naturaleza transdiciplinar en obras que se construyen en la combinación de lenguajes y que, aunque no se tocan directamente los soportes, rozan entre lo plástico y lo visual.

    Estos conceptos sobre la apreciación del video experimental, así como la búsqueda de lugares no convencionales de exhibición del arte (que responde a una posición frente a la jerarquización del arte que aunque en la teoría ya parece superado, el “gran arte”, en su exhibición y comercialización sigue siendo una realidad) son parte de la materialización de los conceptos desarrollados en el TEG, lugar de creación y reflexión de arte.

    Entonces tomar por asalto a transeúntes del metro, irrumpiendo en su cotidianidad, con videos experimentales se vuelve un acto de desmitificación de el lugar donde debe ser contemplado, así como la obra en si pierde su calidad elitista, el video como una obra que va en movimiento, como quienes la ven en ese no lugar del metro, transitorio, impermanente aunque cotidiano.